Vuelta al barrio por una demo de GPS 

Hace unas semanas, fui convocado por un topógrafo para hacerle una demostración del GPS Hi-Target vRTK. Hasta aquí todo es normal y no tiene nada de trascendente ya que es algo que suelo hacer al menos una o dos veces en la semana por ser mi trabajo el de comercial de equipos topográficos. Pero aquí, donde radica lo curioso, es que fue en Móstoles y más concretamente en el barrio que me vio crecer, el de El Recreo.  

Ya va para quince años el tiempo que estoy viviendo con mi mujer en la zona de Hermanos García Noblejas en Madrid. A “mi barrio” solo voy a visitar a mi madre y familiares que aún me quedan allí. 

La demo salió muy bien porque el topógrafo quedó muy contento al ver lo preciso que se comporta el receptor en puntos complicados (zonas de soportales, cercanía a fachadas de diez pisos de altura o la medición de puntos sobre imágenes). Tras terminar, fui a tomar una cerveza al bar que aún regenta el dueño que me ponía el café los domingos. Con su charla y la consumición puesta en la barra la mente se fue a una época de nostalgia y recuerdos en los que me iniciaba sin conocerlo muy bien en la topografía como profesión. 

Evoqué al ver el equipo y el jalón guardados en sus respectivas caja y funda, el primer día que pisaba esas calles a las seis y media de la mañana para al primer día de la carrera de topografía en el curso 92-93 y luego todos los sucesivos hasta conseguir la titulación. 

Era una hora tan temprana a la que no estaba acostumbrado ya que el instituto lo tenía a una calle, para poder llegar a tiempo de tener un sitio privilegiado durante todas las clases de ese día tras haber cogido varios medios de transporte público. Cercanías, metro y autobús para recorrer una distancia de treinta kilómetros en una hora aproximadamente.  

Después de las seis horas de clase diaria, había que deshacer el camino para volver a casa. Una vez que comía, había que intentar vencer al cansancio físico y mental para pasar a limpio los apuntes, hacer los deberes y estudiar. No era fácil conseguirlo y lo que a mi cerebro le gustaba más era calcular corridas de azimutes, dibujar las proyecciones de dibujo de primero o bien trazar las curvas de nivel entre los puntos con cota y líneas de divisorias o vaguadas

En esa época, gracias al esfuerzo familiar, pude comprarme un ordenador Pentium 486 DX33 de sobremesa y disfrutar muchas tardes programando las pequeñas rutinas de cálculos topográficos. El que ocupara mucho tiempo programando durante mi época de estudiante de topografía fue crucial. Gracias a ello conseguí mis primeros trabajos renumerados en los que se demandaba mi perfil. 

 

Quizá sea la nostalgia, o mi afición reciente por la escritura creativa, lo que me ha llevado a escribir este artículo; pero fue bonito verme con un GPS en esas calles que aún conservan mis cigarrillos a escondidas y mis amores de adolescente. 

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¡Felices mediciones!
¡¡Gracias y un abrazo!!

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