Encuentra el propósito de tu trabajo

REFLEXIÓN PERSONAL

Me avalan más de treinta años de vida laboral relacionada con la construcción y la ingeniería topográfica. Esta larga y ya considerable experiencia combinada (ver mi currículum en LinkedIn), junto con conversaciones con familia y amigos, me ha llevado a expresar en las siguientes líneas la reflexión y el consejo del título del artículo.

Al comienzo de la jornada de muchos días, escucho suspiros de hastío y seriedad en los “buenos días”, antes de sentarnos en las respectivas sillas que nos tendrán atrapados hasta media tarde.

Conozco casos de personas que, en la mediana edad, comienzan a sentir inquietudes y dolencias. Se pueden achacar al síndrome del trabajador quemado.

Por mucho que nos pese, somos seres sociales que, según nuestra cultura o área geográfica de influencia, tenemos pretensiones distintas en la forma de afrontar la vida.

La mayoría afronta el trabajo como un medio de subsistencia, tanto económica como social. Pocas personas tienen un trabajo con vocación y gusto, con lo que esa mayoría, según se levanta cada día —si ha conseguido dormir bien—, ya va con la energía, la generosidad y la actitud laboral muy mermadas.

Entiendo que les sucede esto porque no han sabido encontrar el propósito en el trabajo que realizan. Todos los productos y servicios que se fabrican o se ofrecen existen porque tienen un comprador final, y este, en la inmensa mayoría de las ocasiones, decide por unos códigos de conducta emocionales. La elección y compra se basa en sentimientos. En muy pocas ocasiones —salvo en casos de escaso poder adquisitivo— la decisión es puramente económica, y suele serlo cuando no existe el valor emocional mencionado.

En mi profesión, comerciales y fabricantes de equipos topográficos hay muchos, y son más baratos o más caros. Los que me eligen lo hacen por mi forma empática de atenderles, por la calidad de la solución que les ofrezco, porque les ayudo a resolver los problemas de sus clientes y porque obtienen eficacia y rapidez en las mediciones. También lo hacen por otras cuestiones que, unidas a las anteriores, conforman un todo: la confianza en la solución y en la herramienta de medición.

¿Y por qué sé todo esto? Porque les hago las preguntas adecuadas. Les realizo una pequeña encuesta para saber si lo que les he vendido les sirve y si lo he hecho de la forma acertada.

Conocer el alto grado de satisfacción de mi cliente me ayuda a afrontar las ocho horas de trabajo diario con ilusión y la certeza de que es un tiempo que sirve para algo. Y, además, me impulsa a buscar nuevos métodos, aplicaciones no conocidas y a reciclarme de cara al futuro.

¿Y por qué hago todo esto? Porque así conozco y mantengo actualizado mi propósito en esta sociedad que me ha tocado vivir.

¿No sabes dónde puede estar tu propósito? Te recomiendo que hagas lo mismo que yo, porque quizá lo encuentres en comprender para qué sirve tu trabajo a tu cliente final. Pregúntale, que seguro te lo va a decir.

Ayúdame con tu feedback a mejorarlo. (Desde aquí, gracias a Ana, Carlos, Francisco, Felix y a tod@s los que lo habeís hecho de forma anónima)

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¡Felices mediciones!
¡¡Gracias y un abrazo!!

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