Las carreteras del topógrafo

Son las siete y media de la mañana y el tráfico en la autopista de circunvalación es infernal. Cientos de topógrafos del país, como yo debemos de estar circulando en nuestros coches para ir a las obras a replantear o medir terrenos.

Hoy llegaré tarde, ya llevo una semana en esta obra y todavía no he calculado el tiempo que me puedo demorar con los atascos. En el pórtico luminoso informativo se indica que hay un accidente a tres kilómetros. Ya tengo la explicación y excusa para el encargado de mi retraso y eso me tranquiliza, aunque mi ayudante me llama para decirme que le quedan diez minutos para llegar. En este proyecto constructivo él tiene más suerte que yo porque vive en el sentido contrario de la congestión automovilista de las mañanas.

Estoy seguro que cuando el encargado vea a mi auxiliar entrar le va a preguntar por mí y al saber de mi retraso se va a enfadar. Hace unos días me comunicó que hoy era importante estar a tiempo, porque desde primera hora de la mañana se iba a hormigonar parte de la cimentación y que si me tenía que levantar dos horas antes para llegar, que lo hiciera. No le he hecho caso, porque  no soy de esos que llegan una hora antes de que se abra la puerta de la obra y se echan una cabezada en el coche hasta el momento de la apertura por el guarda de seguridad.

En el segundo día en esta obra, tuve que volver a casa porque me dejé las baterías de la estación total en su cargador tras ponerlas a cargar la noche anterior. Pero hoy, antes de salir de casa y ya cargado como si fuera un porteador de la selva, con todo el equipo topográfico, he comprobado por dos veces que estaba todo el material a usar en perfecto estado de revista, con todas las baterías cargadas y puestas en la estación total, y dos de repuesto por si se alarga la medición. La pareja de radioteléfonos en sus estuches, más el trípode y el jalón.

Los coches no avanzan y me pongo a pensar si lo tengo todo. Quiero apartarme al arcén para comprobarlo de nuevo, alargo la mano derecha y toco el trípode porque lo llevo en el asiento traseros ya que no me cabe en el maletero. Tengo envidia de los topógrafos a los que sus empresas les han puesto rancheras todoterreno con grandes cajas traseras dónde llevarlo todo y a mí por más que se lo he solicitado mi responsable, que no es topógrafo, me ha dado un utilitario de tres puertas porque dice que es el que menos gasolina consume para los cientos de kilómetros que recorro al mes. Al menos tiene radio cd-compact disc porque en los anteriores como no venía de serie me decía que no se gastaba el dinero en instalarlo sino era necesaria para medir.

La intensa lluvia de ayer ha hecho que los caminos estén encharcados con barro de veinte centímetros de espesor, con lo que tendré que dejar el coche a las afueras y cargar con el trípode, jalón y estación hacia su interior mientras que los compañeros de las otras empresas si podrán meter  los todoterrenos hasta sus zonas de trabajo.

Espero que los puntos que llevo cargados hoy en el colector de la estación sean válidos, dos veces ya me ha pasado en esta semana, que han cambiado los planos y las modificaciones me las han mandado por correo electrónico a última hora del día de antes y no me han llamado para comunicármelo. Ya estaba marcando puntos y  me llegaba el encargado apurado para decirme si había puesto los datos nuevos. Yo le preguntaba que cuales eran esos datos y volvía la discusión con él, carreras para introducir las modificaciones en la libreta y repetir lo ya materializado en el terreno.

Debido a cómo es la obra, cuando mi ayudante señala los puntos en el terreno siguiendo mis ordenes tengo ansiedad por si hay algún despiste o equivocación no controlada. Lo compruebo por dos veces, pero nunca estoy seguro. En una de las discusiones con el encargado, me recomendó que pusiera atención al medir porque hace dos años tuvo que derribar un muro de hormigón por un error de desplazamiento de siete centímetros en su replanteo. No quiero que a mí me pase lo mismo y ser anécdota de conversación de los compañeros de la empresa en las cenas de navidad. Un fallo de esta índole sería motivo de despido y quizás acabar en otro trabajo por tener que abandonar la topografía.

Aún me quedan cinco kilómetros para llegar a la obra. En treinta minutos solo he recorrido quince y la obra dista de mi casa cuarenta. La acumulación de coches en los tres carriles me obliga a detenerme, A mi derecha el cielo se está abriendo esbelto y flamante gracias a los primeros rayos de sol que salen por el frente, sobre el hotel para el que participe en su construcción hace cinco años. Tres años de trabajo durante todas las mañanas, desde su cimentación hasta el replanteo del último pilar por su singularidad arquitectónica para su construcción. Hice buenas amistades a pesar de los ratos de ansiedad, desvelos y acelerones para llegar a tiempo en las certificaciones. Debí de hacerlo bien como persona y topógrafo porque siendo de una empresa auxiliar, me invitaron a la ceremonia de inauguración y tuve una pequeña alusión de agradecimiento en el discurso del jefe de obra.

Para mí, es una satisfacción indescriptible cada vez que paso con el coche a su lado y ver mi esfuerzo y experiencia para solventar problemas de última hora, reflejado en tan orgullosa edificación que ahora utilizan para alojarse los viajeros del aeropuerto.

Allí se quedaron jornadas de cansancio, de agobio y de salir al final del día con los pantalones manchados de barro o de tiza azul. Noches de insomnio, por si al día siguiente iba a funcionar la estación, que se había mojado por la lluvia el día anterior o si iba a tener suficiente batería, para terminar de replantear todos los pilotes establecidos para ese día.

Ya estoy a un kilómetro escaso de llegar a la obra, entre los edificios comienzo a ver las grúas que ya han comenzado a moverse. Recibo una llamada de mi ayudante para preguntarme dónde estoy y que el encargado está enfurecido porque hay dos camiones hormigoneras cargadas y los encofradores están esperando a que marque la última modificación de los pilares.

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¡Felices mediciones!

¡¡Gracias y un abrazo!!

1 comentario en “Las carreteras del topógrafo

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